Una es controlar estrictamente las indicaciones. Comprender los tipos de microorganismos patógenos y su susceptibilidad a los fármacos, y hacer pruebas de susceptibilidad a los fármacos si es posible.
La segunda es prestar atención a la dosis y al curso del tratamiento. Generalmente, el límite superior de la dosis prescrita es apropiado para la primera dosis; el límite superior también es apropiado para las enfermedades infecciosas agudas y las infecciones graves. La vía de administración debe seleccionarse adecuadamente. En caso de infección grave, debe utilizarse más a menudo la inyección, y la administración oral es mejor cuando la enfermedad es lenta.
La tercera es evitar que las bacterias desarrollen resistencia a los fármacos. No es aconsejable utilizar un antibiótico durante mucho tiempo. Puedes elegir antibióticos eficaces alternativamente y en rotación.
La cuarta es evitar que se vea afectada la respuesta inmunitaria. No es aconsejable utilizar antibióticos unos días antes y después de varias inoculaciones de vacunas preventivas.
La quinta es evitar los tabúes de compatibilidad. Los antibióticos y su uso en combinación con otros fármacos provocarán contraindicaciones de compatibilidad y causarán reacciones adversas. Un conocimiento profundo de la compatibilidad de varios antibióticos puede evitarse eficazmente.
Sexto, no se pueden utilizar al mismo tiempo antibióticos de la misma categoría. El uso simultáneo del mismo tipo de antibióticos no sólo no aumenta la eficacia, sino que agrava la aparición de reacciones clínicas adversas, aumenta el coste del tratamiento e incluso provoca consecuencias graves, como residuos de medicamentos veterinarios en productos de origen animal.






